¿Qué es la “Economía del comportamiento”?

¿Te has preguntado cómo influyen las emociones y los factores psicosociales en las decisiones económicas que tomas a diario? Y si no, atento a la siguiente historia. “Había una vez una joven, cuya familia se componía por prestigiosos orfebres dedicados al arte de la joyería. Ella apreciaba profundamente lo que hacían sus abuelos y padres, además de que creció viendo los procesos de fabricación y sus resultados, lo que conllevó a que aprendiera a ver las joyas como algo necesario en su vida. Un día, esta joven salió de su casa y en el camino se topó con una tienda en donde vio un collar precioso cuyo brillo llamó su atención, despertando en ella un sentimiento de amor por aquello que consideraba un legado inquebrantable. Lo cierto es que la joven sabía muy bien que no podía gastar su dinero, pues era lo único que le quedaba para la cena de esa noche. Sin embargo, sus emociones le jugaron una mala pasada y el deseo por tener el collar, provocaron que la mujer tomara la decisión de comprarlo, acabando con el último recurso que le quedaba. Así pues, terminó con collar pero sin comida”. Muchos podrían decir que el dinero no compra la felicidad y que tal vez para esta joven, su felicidad era el collar. Sin embargo, es en este punto de la historia, precisamente, en donde podemos evidenciar cómo los elementos sociales, psicológicos y cognitivos afectan de manera significativa en las determinaciones cotidianas y cómo estas afectan lo que hay a nuestro alrededor.

Seguramente pensaste que no había problema alguno en que ella gastara su dinero en el producto, pues fácilmente podría pedir un préstamo a alguien cercano o sencillamente no cenar. Sin embargo, el hecho de que ella optara por la primera opción, estaría afectando el presupuesto de la persona prestamista y el suyo propio adquiriendo una deuda innecesaria, y si tal vez, su decisión hubiese sido en definitiva no cenar, podría repercutir inmediatamente en su salud, corriendo el riesgo de acarrear algún tipo de malestar, que la obligue a necesitar un hospital y tener un gasto extra que no se tenía previsto. Pero hoy no solo nos concentraremos en las diferentes aristas que se pueden llegar a generar de esta historia, sino que analizaremos el origen de esta situación. En esta Agenda de Karem, trataremos la conocida Economía del Comportamiento, que luego de esta historia ya muchos tendrán una idea de qué se trata.

Este concepto nace alrededor de los ochenta y tiene como objetivo comprender cómo la conducta humana se ve influenciada por las emociones, dejando de lado los preceptos de la economía clásica, a fin de desarrollar modelos de comportamiento que puedan ser aplicados en la vida real. Esta rama de la economía se ha ido adaptando a diferentes disciplinas, campos y nuevas formas de vida como políticas públicas, el mundo laboral y la vida cotidiana. A partir de ello, veremos tres aspectos que se destacan indudablemente en el estudio de esta disciplina.

El primero de ellos lo encabezan los factores sociales. En el mundo encontramos múltiples elementos externos que tienden a determinar de manera directa o indirecta nuestro actuar frente a determinadas situaciones. En este caso, un elemento en particular que podríamos considerar como influencia social es la información. Cada día la información es mucho más rápida, inmediata e influyente, y a la luz de lo que conocemos, podríamos decir que gran cantidad de información puede llevar a las personas a adquirir un producto innecesario, por el simple hecho de seguir un patrón de conducta establecido socialmente. En la otra cara de la moneda, si una decisión carece de información probablemente conllevará a que actuemos con base en las acciones de los demás. Este caso es evidente cuando vamos a comprar un artículo de interés, por ejemplo, un teléfono móvil. Antes de comprarlo, seguramente, además de explorar diversas empresas de telefonía, buscas el testimonio de otros usuarios para “asegurarte” de la mejor opción.

No obstante, en la tarea de tomar una decisión frente a un consumo determinado, tendemos a crear sesgos que nos incitan a adquirir lo mismo que una persona cercana, omitiendo toda la información anteriormente consultada y tomando como base factores que Daniel Kahneman y Amos Tversky exponen como la disponibilidad, representatividad y anclaje. De la mano aparece la resistencia a arriesgarse a nuevas opciones por temor a fallar y la idea de permanecer bajo un concepto ya establecido, “imposible” de modificar. Si nos situamos en factores como el tiempo y la planificación, la economía del comportamiento influye en la medida en que preferimos satisfacer una necesidad inmediata, en la que actuamos por impulso al no dar una espera para disfrutar de ese “algo” en el futuro, es decir, preferimos comprar cosas probablemente innecesarias en el presente, descuidando las oportunidades que se pueden presentar a largo plazo. La razón principal que origina este tipo de casos, se explica en que los seres humanos solemos actuar bajo impulsos conectados a las emociones que nos llevan a tomar decisiones inmediatas que pueden llegar a repercutir gravemente en nuestro bolsillo.

Probablemente en el momento no veamos con claridad las múltiples consecuencias de tomar decisiones apresuradas, en donde nuestro dinero es el principal afectado, pero con el paso de los días, estas se harán evidentes hasta hacernos entrar en razón. En un día soleado vas, por ejemplo, al centro comercial o a una oficina a cancelar alguna factura y en el camino te topas con un establecimiento de bebidas; el estímulo del clima, el cansancio, entre muchos otros, serán un factor clave para que termines comprando una bebida que pudiste haber consumido en casa. Para esto, existen distintas formas de evitar caer en situaciones engorrosas que continúen atacando nuestra vida financiera.

La primera de ellas es ser críticos y aprender a controlar nuestros pensamientos. Analizar la forma en que tomamos una determinación en nuestra vida, nos lleva, como primer punto, a centrar nuestra atención en los pensamientos. En múltiples ocasiones la mente nos transporta a un mundo distinto de la realidad en donde todo nos es posible. Sin embargo, si nos tomamos el tiempo suficiente para reflexionar frente a cada situación, desarrollamos el criterio como fundamento de vida e intentamos ser un poco más objetivos, entendemos que el mundo no es una carrera que nos obliga a precipitarnos, sino que nosotros somos quienes decidimos a qué velocidad ir. Por otra parte, es importante escuchar al otro. Estar abiertos a otras opiniones y recibir consejos de nuestros pares es fundamental a la hora de decidirse por algo, no en el pensado en que este puede generar algún tipo de influencia sobre mi decisión, sino más bien en observar desde otro punto de vista la misma situación para entender, a la luz de mi realidad, qué es lo más conveniente.

Por último y no menos importante, ser radical. La determinación en las situaciones cotidianas es esencial para evitar caer constantemente en errores, no basta solo con confiar en nosotros mismos, sino que se considera casi que un requisito ser tajante con las cuestiones que impliquen nuestro bolsillo, pues solo de esa manera, incurrimos en acciones positivas que generan resultados positivos. La economía del comportamiento o también llamada economía conductual no es una herramienta negativa, por el contrario, nos ayuda a prevenir las crisis económicas, a actuar bajo el raciocinio que nos compete y a tomar decisiones sabias que nos lleven al triunfo financiero.

Publicado por Karem Suarez

Joven de 20 años, locutora, bilingüe, estudiante de Administración de Empresas, con sentido comercial y visión creativa; becada por excelencia académica en 2014 por la Universidad El Bosque, participante activa de inversión en FOREX, emprendedora YouTuber con alrededor de 50.000 reproducciones hasta la fecha en su canal, en el cual orienta acerca de Inteligencia Financiera promoviendo en las personas la construcción de un camino de prosperidad basado en Los 6 pilares del Carácter. (Character Counts).

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